Catecismo de la Iglesia católica. Los Diez Mandamientos

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TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO

SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS

“Maestro, ¿qué he de hacer...?”

2052 ‘Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para onseguir la vida eterna?’ Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde
primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como ‘el único Bueno’,
como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le
declara: ‘Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. Y cita a
su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: ‘No
matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso,
honra a tu padre y a tu madre’. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos
de una manera positiva: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Mt 19, 16-19).

2053
A esta primera respuesta se añade una segunda: ‘Si quieres ser perfecto,
vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los
cielos; luego ven, y sígueme’ (Mt 19, 21). Esta res puesta no anula la
primera. El seguimiento de Jesucristo implica cumplir los mandamientos. La Ley
no es abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la
Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres
evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle
en la obediencia del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es
relacionada con el llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21.
23-29). Los consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.

2054
Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu
operante ya en su letra. Predicó la ‘justicia que sobre pasa la de los
escribas y fariseos’ (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47).
Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos: ‘habéis oído que se
dijo a los antepasados: No matarás... Pues yo os digo: Todo aquel que se
encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal’ (Mt 5, 21-22).

2055
Cuando le hacen la pregunta: ‘¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’ (Mt
22, 36), Jesús responde: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El
segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos
dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5;
Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único
mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:

En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás,
no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La
caridad es, por tanto, la ley en su plenitud (Rm 13, 9-10).

 

 

 

2056 La palabra ‘Decálogo’ significa literalmente
‘diez palabras’ (Ex 34, 28 ; Dt 4, 13; 10, 4). Estas ‘diez palabras’
Dios las reveló a su pueblo en la montaña santa. Las escribió ‘con su Dedo’
(Ex 31, 18), a diferencia de los otros preceptos escritos por Moisés (cf Dt 31,
9.24). Constituyen palabras de Dios en un sentido eminente. Son transmitidas en
los libros del Exodo (cf Ex 20, 1-17) y del Deuteronomio (cf Dt 5, 6-22). Ya en
el Antiguo Testamento, los libros santos hablan de las ‘diez palabras’ (cf
por ejemplo, Os 4, 2; Jr 7, 9; Ez 18, 5-9); pero su pleno sentido será revelado
en la nueva Alianza en Jesucristo.

2057 El Decálogo se omprende ante todo cuando se lee en el con texto del Exodo, que es el gran contecimiento liberador de Dios en el centro de la antigua Alianza. Las ‘diez alabras’, bien sean formula das como preceptos negativos, prohibiciones, o ien como mandamientos positivos (como ‘honra a tu padre y a tu madre’), ndican las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado. El ecálogo es un camino de vida:

Si amas a tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, sus preceptos y sus normas, vivirás y te multiplicarás (Dt 30, 16).

 

 

 

Esta fuerza liberadora del Decálogo aparece, por ejemplo, en el andamiento del descanso del sábado, destinado también a los extranjeros y a
los esclavos:

Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y con tenso brazo (Dt 5, 15).

 

 

 

2058 Las ‘diez palabras’ resumen y proclaman la ley
de Dios: ‘Estas palabras dijo el Señor a toda vuestra asamblea, en la
montaña, de en medio del fuego, la nube y la densa niebla, con voz potente, y
nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de piedra y me las
entregó a mí’ (Dt 5, 22). Por eso estas dos tablas son llamadas ‘el
Testimonio’ (Ex 25, 169, pues contienen las cláusulas de la Alianza
establecida entre Dios y su pueblo. Estas ‘tablas del Testimonio’ (Ex 31,
18; 32, 15; 34, 29) se debían depositar en el ‘arca’ (Ex 25, 16; 40, 1-2).

2059 Las ‘diez palabras’ son pronunciadas por Dios dentro de una teofanía (‘el eñor os habló cara a cara en la montaña, en medio del fuego’: Dt 5, 4). Pertenecen a la revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria. El don de os mandamientos es don de Dios y de su santa voluntad. Dando a conocer su oluntad, Dios se revela a su pueblo.

2060 El don de los
mandamientos de la ley forma parte de la Alianza sellada por Dios con los suyos.
Según el libro del Exodo, la revelación de las ‘diez palabras’ es
concedida entre la proposición de la Alianza (cf Ex 19) y su ratificación (cf
Ex 24), después que el pueblo se comprometió a ‘hacer’ todo lo que el
Señor había dicho y a ‘obedecerlo’ (Ex 24, 7). El Decálogo no es
transmitido sino tras el recuerdo de la Alianza (‘el Señor, nuestro Dios,
estableció con nosotros una alianza en Horeb’: Dt 5, 2).

2061 Los mandamientos reciben su plena significación en el interior de la Alianza.
Según la Escritura, el obrar moral del hombre adquiere todo su sentido en y por
la Alianza. La primera de las ‘diez palabras’ recuerda el amor primero de
Dios hacia su pueblo:

Como había habido, en castigo del pecado, paso del paraíso
de la libertad a la servidumbre de este mundo, por eso la primera frase del
Decálogo, primera palabra de los mandamientos de Dios, se refiere a la
libertad: ‘Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de
la casa de servidumbre’ (Ex 20, 2; Dt 5, 6) (Orígenes, hom. in Ex. 8, 1).

 

 

 

2062 Los mandamientos propiamente dichos vienen en
segundo lugar. Expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios instituida
por la Alianza. La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa
del Señor. Es reconocimiento, homenaje a Dios y culto de acción de gracias. Es
cooperación con el designio que Dios se propone en la historia.

2063
La alianza y el diálogo entre Dios y el hombre están también confirmados por
el hecho de que todas las obligaciones se enuncian en primera persona (‘Yo soy
el Señor...’) y están dirigidas a otro sujeto (‘tú’). En todos los
mandamientos de Dios hay un pronombre personal en singular que designa el
destinatario. Al mismo tiempo que a todo el pueblo, Dios da a conocer su
voluntad a cada uno en particular:

El Señor prescribió el amor a Dios y enseñó la justicia
para con el prójimo a fin de que el hombre no fuese ni injusto, ni indigno de
Dios. Así, por el Decálogo, Dios preparaba al hombre para ser su amigo y
tener un solo corazón con su prójimo... Las palabras del Decálogo persisten
también entre nosotros (cristianos). Lejos de ser abolidas, han recibido
amplificación y desarrollo por el hecho de la venida del Señor en la carne.
(S. Ireneo, haer. 4, 16, 3-4).

 

 

 

El Decálogo en la Tradición de la Iglesia

2064
Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la
Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación
primordiales.

2065 Desde san Agustín, los ‘diez
mandamientos’ ocupan un lugar preponderante en la catequesis de los futuros
bautizados y de los fieles. En el siglo XV se tomó la costumbre de expresar los
preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar, y
positivas. Estas fórmulas están todavía en uso hoy. Los catecismos de la
Iglesia han expuesto con frecuencia la moral cristiana siguiendo el orden de los
‘diez mandamientos’.

2066 La división y numeración
de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. El presente catecismo
sigue la división de los mandamientos establecida por san Agustín y que ha
llegado a ser tradicional en la Iglesia católica. Es también la de las
confesiones luteranas. Los Padres griegos hicieron una división algo distinta
que se usa en las Iglesias ortodoxas y las comunidades reformadas.

2067
Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo.
Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete más al
amor del prójimo.

Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor
condensa toda la ley y los profetas..., así los diez preceptos se dividen en
dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en la otra. (S. Agustín,
serm. 33, 2, 2).

 

 

 

2068 El Concilio de Trento enseña que los diez
mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también
obligado a observarlos (cf DS 1569-1670). Y el Concilio Vaticano II afirma que:
‘Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor... la
misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el
mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de
los mandamientos, consigan la salvación’ (LG 24).

La unidad
del Decálogo

2069 El Decálogo forma un todo
indisociable. Cada una de las ‘diez palabras’ remite a cada una de las
demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan
mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es
quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin
bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los
hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida
social del hombre.

El Decálogo y la ley natural

2070
Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo
tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes
esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a
la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión
privilegiada de la ‘ley natural’:

Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los
hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con
recordárselos. Esto fue el Decálogo. (S. Ireneo, haer. 4, 15, 1).

 

 

 

2071 Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos
del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y
cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba
esta revelación:

En el estado de pecado, una explicación plena de los
mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la
luz de la razón y de la desviación de la voluntad. (S. Buenaventura, sent.
4, 37, 1, 3).

 

 

 

Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación
divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la con ciencia moral.

La
obligación del Decálogo

2072 Los diez mandamientos,
por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su
prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son
básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie
podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el
corazón del ser humano.

2073 La obediencia a los
mandamientos implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve.
Así, la injuria de palabra está prohibida por el quinto mandamiento, pero
sólo podría ser una falta grave en razón de las circunstancias o de la
intención del que la profiere

“Sin mí no podéis hacer
nada”

2074 Jesús dice: ‘Yo soy la vid; vosotros
los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto;
porque sin mí no podéis hacer nada’ (Jn 15, 5). El fruto evocado en estas
palabras es la santidad de una vida hecha fecunda por la unión con Cristo.
Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus
mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su Padre y a sus hermanos,
nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene a ser, por obra del
Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar. ‘Este es el mandamiento
mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado’ (Jn 15, 12).

Resumen

2075.
‘¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?’ - ‘Si
quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’ (Mt 19, 16-17).

2076
Por su modo de actuar y por su predicación, Jesús ha atestiguado el valor
perenne del Decálogo.

2077 El don del Decálogo
fue concedido en el marco de la alianza establecida por Dios con su pueblo. Los
mandamientos de Dios reciben su significado verdadero en y por esta Alianza.

2078
Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la
Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación
primordial.

2079 El Decálogo forma una unidad
orgánica en la que cada ‘palabra’ o ‘mandamiento’ remite a todo el
conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley (cf St 2, 10-11)
.

2080
El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural. Lo
conocemos por la revelación divina y por la razón humana.

2081
Los diez mandamientos, en su contenido fundamental, enuncian obligaciones
graves. Sin embargo, la obediencia a estos preceptos implica también
obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve.

2082
Dios hace posible por su gracia lo que manda.

Autor: 

Episcopado de la Iglesia Católica

Fuente: 

www.vatican.va